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¿Cómo controlar el acceso de niños
y adolescentes a Internet?
Resulta muy difícil, por no decir imposible, controlar el acceso
de nuestros hijos a Internet. De hecho, ellos saben mucho más que
nosotros de tecnología y acceden a cualquiera de los servicios
que ofrece la red con enorme naturalidad y facilidad.
Juan Manuel Romero, vicepresidente de Adicciones Digitales www.adiccionesdigitales.es
El problema no es tanto controlar su acceso como controlar el uso que
hacen de ese acceso. Nosotros, en Adicciones Digitales, damos charlas
en colegios e instituciones y lo que hacemos no es prevenir que los niños
se conecten a Internet, algo por otra parte imposible, sino enseñar
a sus padres a estar pendientes para que tengan las suficientes garantías
de que sus hijos hacen un uso racional y razonable de la Red.
Es normal que un quinceañero se conecte la Messenger, prácticamente
todos los días, pero hay que evitar que esa conexión dure
horas. Un rato no está mal. Por eso, en nuestras charlas lo primero
que enseñamos a los padres es la diferencia entre el uso, abuso
y adicción a la tecnología. Algo sencillo de comprender.
Los chavales usan Internet cuando se conectan un rato para divertirse.
Abusan si en vez de un rato están conectados varias horas, Y se
hacen adictos de la tecnología si están siete horas siete
días a la semana. Si lo trasladamos a la vida cotidiana, podemos
decir que alguien hace uso del vino cuando se toma un vaso durante la
comida, abusa de él si se toma siete botellas y es un adicto (un
alcohólico, en este caso) si toma siete botellas todos los días.
La Red tiene muchas ventajas y muchos peligros. Hace unos días
escuchábamos atónicos que la hija de una concejal del PP
en el ayuntamiento de Getafe había gastado más de 30 mil
euros en descargarse una serie de televisión. No es la primera
vez que lo oímos ni, desgraciadamente será la última.
Esto se habría evitado con un control responsable de la niña
y sus actividades en la red. Algo imposible de lograr si la adolescente
tienen el ordenador en su habitación, porque no sabemos si a las
cuatro de la madrugada estará durmiendo, navegando o descargándose
cosas.
Nosotros intentamos que los padres puedan evitar errores garrafales y
bienintencionados como los que ha cometido la citada concejala, de cuya
honorabilidad no se puede dudar por esta situación, independientemente
del uso que políticamente se quiera hacer de este suceso. Le podría
haber pasado a cualquiera, del grupo popular o del socialista. Pero también
es cierto que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.
Pero lo que está claro es que no podemos impedir a nuestros hijos
que se conecten a Internet. Eso sí, podemos permitir que lo hagan
dentro o fuera de casa. Porque si quieren conectarse sólo tienen
que ir a un cibercafé, donde nadie les va a preguntar la edad.
Y nosotros estaremos engañados pensando que nuestros hijos no usan
internet.
No obstante, si se conectan en casa hay algunas medidas que podemos adoptar,
Por ejemplo los filtros. Las grandes operadoras de telefonía ofrecen
un filtro a sus clientes, por un precio bastante razonable; unos dos o
tres euros al mes. Se evita que descarguen determinadas páginas,
pero no se soluciona el problema principal, que es el acceso a Internet.
Además, los filtros son buenos pero no perfectos. A veces se cuelan
cosas que los padres consideran que no deberían colarse, aunque
son las menos.
Por eso, al final todo dependerá de la educación y formación
que hayan recibido de sus padres y colegios. Eso de la libertad responsable
es una verdad como un templo. Son ellos los que van a decidir el uso que
hacen de Internet, y para ello es necesario que estén convenientemente
formados. Es un trabajo duro, que no se hace en un día. La educación
de nuestros hijos dura toda la vida, incluso aunque se hayan casado y
nos hayan dado nietos.
Es importante que los padres conozcan el uso que se puede hacer, tanto
positivo como negativo, de Internet, móviles, MP3 y MP4, Play,
videojuegos o redes sociales como Tuenti y Facebook. La última
palabra siempre la van a tener ellos. ¿Les hemos preparado convenientemente?
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